domingo, 20 de marzo de 2011

Encuentra al pájaro lider

Estaba yo a la entrada del aeropuerto de “Salti’o C’ahuila”, eran pasadas las seis de la tarde y los árboles aledaños se llenaron de estos pájaros. Quizás por el ruido y las ondas de los aviones, los desorientados avechuchos comenzaron su ritual de vuelo vespertino, sin embargo, algo andaba mal…

El desorden era evidente; difícil localizar al “Líder Negro” porque aquello era sólo una sombra oscura traslúcida parecida a sesión plenaria en la Cámara de Diputados: Cada uno jalaba para donde se le daba la gana. Ahí estaba el pajarillo “Manlio Flavio Beltrones”, con su arenga tramposa y zalamera sin resultados; mientras el “Fernández Noroña” agitaba las alas y picoteaba a toda la parvada. Un pequeño y perdido “Gustavo Madero” pasaba desapercibido.

Lo único evidente era la masa de animales que se tendía en el cielo, ¿será que así perciben algunos a México, como un conjunto de seres humanos sin rumbo ni guía que parecen moverse, existencias que se cansan agitando las alas a medio vuelo para llegar a ningún lado y volver, agotadas, a la misma rama de la que salieron?

Como me aterró la idea, volví al origen. Lo que presenciaba era una parvada que en el aire generaba una estética peculiar al contrapuntear con el azul de la hora cero de la tarde, es decir, cuando el sol se va y la luz artificial no sirve para nada.

¿Qué será de nosotros, pobres pájaros, si es que nomás servimos para embellecer la escena?

martes, 15 de marzo de 2011

Estacionamiento "esclusivo"

Algún día, dentro de 500 años, un explorador encontrará este poste enterrado y se maravillará después de estudiarlo; imaginará que nuestra cultura fue tan desarrollada que dejó detrás la ortografía.

Exclusivo, “esclusivo”, ¿qué más da? Alguna vez un compañero de universidad comentó, con una visión de sabio, “la ortografía es mera vanidad”. Y sí, al final del día, las reglas de la escritura se han convertido en una herramienta que se usa a discreción, de manera espontánea y casual como la justicia, la moral, la doble fila o la moda al vestir. O sea, bajo la regla inviolable del “asegún”.

Nuestros predecesores quedarán impactados, jamás sabrán como aprendimos a distinguir un “haré” de un “aré”, de qué manera diferenciamos el “si no” del “sino” o cuál fue nuestra clave para determinar que un “ira” no es rabia desenfrenada, sino un “mira” evolucionado.

Lo mejor de todo es que los libros respetuosos del idioma y sus avatares serán vistos como obras paganas, disidentes, producto de mentes constipadas que nunca vieron la luz del conocimiento, “esclusiva” de una casta compuesta por el 95 por ciento de la población.

Finalmente, el investigador mencionado notará, a partir de la imagen, que nuestra escritura era de izquierda a derecha y de arriba para abajo con una inclinación campechana, sabrosa, al gusto del que escribe. ¿Para qué las líneas, por qué tantas ataduras, por qué escribir sobre el horizonte? ¿Para qué ordenar las ideas, si podemos vomitarlas?

Ojalá nos jusguen con buena mano las generasiones venideras.

martes, 8 de marzo de 2011

¿Hannibal, o perro sado?

Ésta sí es una señal del Apocalipsis: Un French Poodle con inclinaciones sadomasoquistas, o bien, un wannabe de Hannibal Lecter.

Para confirmar cualquiera de las dos opciones, es necesario investigar el nombre de la perrita que parece acercarse incrédula, porque si se llama “Didi” o “Duquesa”, es un asunto de sexo canino rough, pero si es “Clarisse”, entonces somos testigos de la reencarnación perruna de Hannibal, The Cannibal.

No puedo imaginarme a esta mascota castañeando los dientes y pensando comerse el hígado de un Gigante de los Pirineos con habas y un buen Chianti; tampoco soy capaz de fantasear con el perro en cuestión ladrando nervioso un “Dime Rottweiler, dime Rottweiler”. Por salud mental, abriré una tercera posibilidad, más perversa que las anteriores: Los dueños irresponsables compran un can nervioso. Lo dejan solo todos los días entre semana. El animal se vuelve histérico y antisocial, ladra todo el día, muerde a desconocidos. Lo sacan el fin se semana para presumirlo en un parque. Éste muerde a uno o dos niños. De entonces en adelante, es necesario sacarlo con hociquera.

En fin, que no sé qué cabeza es más rara, si la de un siquiatra sicópata de ficción, la de un perro agresivo, la de un dueño inconsciente pero presuntuoso, o la mía, que hace un muégano de todo lo anterior.

Al final, el único inocente es el animalito de la foto.

jueves, 3 de marzo de 2011

Piel de burro... en un rino

Tener piel de burro es un padecimiento difícil si se es mujer, pero… ¿será lo mismo entre rinocerontes, la pasarán mal? ¿Cuánta crema necesitará una hembra de esta especie para lucir una epidermis envidiable?

Algunos afortunados animales están protegidos por plumas o pelambre, pero otros tienen que apechugar, hacerse los fuertes cuando son sacados a retozar a mediodía mientras el personal del zoológico limpia los 20 o 25 kilos de excremento, pues en la noche se pararon al baño.

La suerte no ha sido generosa con los rinocerontes: Su cuerpo es pesado y gasta mucha energía –como cualquier sindicato mexicano-, su complexión les impide acostarse y levantarse con ligereza y, para colmo, no tienen deditos gráciles para embadurnarse de crema o bloqueador entre sus rincones y grietas. En resumen, están jodidos.

La de la foto parece ser una muchacha casamentera y despreocupada; se le ha quedado marcada la línea del bikini por la asoleada del día anterior y ni así se procura la protección de los árboles, lo peor de todo es que su bronceado no fue parejo, que su cuello se arruga y no va a poder usar topcito y que su trasero le quedará, definitivamente, sin pigmentación.

Casi lo mismo pasa con los burros, siempre bajo el sol, pero ellos deslomándose, trabajando y sin prestaciones por no ser especie privilegiada. Es lo mismo que un trabajador de la construcción y un banquero: Mismo sol, mismas piel curtida… pero en circunstancias diferentes.

martes, 22 de febrero de 2011

El Ángel de la... ¿qué?

Fotos de este monumento icónico nacional tengo muchas, cerca de 50, pero nunca había reparado en la ironía que se mira desde este ángulo: El Ángel de la Independencia rebasado, minimizado, sobajado por el edificio de Hong-Kong Shangai Banking Corporation (HSBC, título mundano), razón social que no suena a tolteca precisamente.

Voltié –sí, yo no volteo- alrededor y solté un “Chiales” desde el fondo de mi patriótico corazón, pues lo que rodea a nuestro angelito es el corporativo de American Express, el hotel Sheraton, dos Starbucks, un Sanborns y 373 negocios de coreanos y chinos. Suspiro.

En las bancas circundantes, la gente usa sus blackberries y iPhones, viste Levi’s, GAP, Abercrombie (Andoencombi), Náutica, Hilfiger (Tomy Hisfinger). Escuchan a Beyoncé, calzan Dorothy Gaynor o Price Shoes, comen en Subway y Carl’s Jr.; despotrican contra políticos como Carstens, Creel, Bours, Blake y Ferrari… ¿Alguien me convidaría un tamal o un taco de cecina de Yecapixtla?

No es xenofobia ni patrioterismo barato lo que me mueve, sino la reflexión con relación al mosaico cultural y económico que somos. Perdón, el mosaico tiene orden y esquema, es más bien un collage silvestre.

Ah, y la obra escultórica es de un italiano de apellido Alciati.

Muy indignado, dejé el lugar y me dirigí a Estarbocs, pedí un Caramel Machiatto Venti Mocca y enfilé a la parrilla argentina para ver el Manchester United- Barcelona. Quería olvidar.

martes, 15 de febrero de 2011

Persia y su pasión panbolera

Dicen que el futbol no es el alma del hombre, que es un producto de la mercadotecnia, pero en la exposición Tesoros de Persia de 2008 en el Museo de Antropología está la prueba: Un persa con barbita larga y nariz aguileña sosteniendo un esférico.

Esta tribu era buena para vender, no lo niego, pero las prácticas mercadotécnicas son de más acasito, ¿no? Ya me imagino a medas, tracios y egipcios haciendo correo directo en piedras o publicidad en bajorrelieves megalíticos.

¿Será que las túnicas largas no impedían una soberbia “chilena”? ¿Será que los jardines babilónicos eran en verdad canchas de futbol rápido o de gol-para?

Nunca lo sabremos, lo que queda claro es que este relieve muestra a un portero (puede tocar el balón con las manos), al cancerbero de Los Inmortales que, con su gesto de Procurador General de la República, intimida al centro delantero tracio mientras en las gradas se escucha el cántico de “O-io-io-io, el que no brinque es un persa maricóóón…”

OK, el balón parece melón chino, es un tanto más alargado de lo normal, pero ¿qué más da? El panbol se puede jugar con botes de Frutsi, con latas de Fresca o con el Jabulani, pieza oficial del Mundial de 2010 que, por cierto, se movía en el aire con la irregularidad de un melón chino.

Se me ocurre que la inauguración del Torneo de Apertura “Persia 1421 ac” pudo correr a cargo de Jerjes I con Nabucodonosor como invitado especial.

martes, 8 de febrero de 2011

Escalera surrealista a punto de morir

Una edificación derruida, una escalera que permanece. Nada más surreal; Dalí o Juan Gris podrían haber imaginado esto, sin embargo, existió.

El inmueble esperaba apacible su muerte, varias empresas esperaban su deceso para levantar un conglomerado de departamentos in vendibles a parejas jóvenes sin hijos y con perro Labrador o Golden Retriever. En su último estertor, una escalera con alma de acero permaneció incólume para gritarle al mundo su deseo final: Que cualquier simple mortal trepara sus escalones para hacerla sentir viva.

La imagen muestra en primer plano los restos viscerales de lo que una vez fue el habitáculo de alguien; una familia, una viuda, un doctor o una pareja dedicada a la meditación trascendental. Nada importa, la vida se abre paso y deja escaleras a manera de icono esperanzador.

Pasé por ahí y experimenté el desasosiego: Hedor a salitre y caliche, el desentendimiento de los paseantes que atestiguaban una muerte lenta, incluso la indiferencia de las parvadas de coquitas que mudaban sus viviendas a árboles de la periferia para no convertirse en “daño colateral” de la evolución urbana.

Y ahora me imagino todo lo que pudo ser esa escalera: Cómplice de besuqueos furtivos, acceso de trasnochadores que no quisieron despertar a la comunidad, reducto de llantos de vecinos desesperados, el sitio para fumar, un espacio para ser…