martes, 24 de mayo de 2011

Bolsa de... ¿Valores?


Ahí estaba yo, en el piso 16 de Reforma 222, comportándome como turista de “La Risa en Vacaciones”. Tenía que sacar la forzosa foto de la avenida, namás que rapidito, porque los de seguridad del corporativo son como guarros de Luis Miguel y no dejan sacar la cámara.
En la imagen aparece el edificio de la Bolsa de Valores, entonces me pregunté… ¿de veras hay valores ahí, honestidad, lealtad, ética? ¿Será que ahí se reflexionan epistemas ontológicos, se presentan serias disertaciones filosóficas? No, creo que, tristemente, se trata de los otros “valores”, de los menos importantes.
Parece, a juzgar por el salvaje brillo emitido, que algo estaba pasando; imaginé que podía ser un mutante de X-Men jugando escondidillas, un rayo destructor de algún dios justiciero que no cree en el dinero, o bien, un corredor de bolsa transformándose en oro, su sueño de opio.
Pero lo que en realidad me gustó es que, gracias a un efecto visual, la edificación aledaña (el servilletero gigante) se nota traslúcida, parece estar desapareciendo  por la vergüenza de compartir la manzana con una instalación tan indigna como la mencionada, que más que bolsa es una “Bola” de valores.
Para tranquilidad de clavados como yo, una palma es la que adorna la glorieta, aunque estoy seguro de que los accionistas ya han pensado cambiarla por un enorme signo de pesos o la réplica en miniatura del hotel Burj Al Arab que les recuerde lo poderoso que es ese caballero, Don Dinero.

martes, 17 de mayo de 2011

Los burros son buen pedo


Me gustan los burros mucho antes de Chrek, que conste.
Tienen una mirada lánguida y tristona como si supieran que están confinados al trabajo, a pocas emociones y a una cantidad idiota de fuetazos sin sentido. Sin embargo, parecen entenderlo… y aceptarlo en función de la especie humana: ¿Qué sería de la vida sin jumentos, qué animal aceptaría, sin contrato laboral pasado por sindicato, la labor en la recua?
En la imagen, el burro parece inadvertir tanto el bridón que le cuelga -a pesar de estar pastando- como el árbol debajo de él en la perspectiva de la foto. Bestia dócil para domar, dócil para fotografiar, dócil para la reflexión del ser humano.
Mi novia y yo bajamos del auto, saludamos a “Chulo” (total, a él le vale cómo le llamemos) y disfrutamos su mansedumbre hasta que nos desconoció. Pateó. Reculó. Claro, a él le importaría una berenjena lo que tiempo después escribiría yo en este post.
Favor de notar que el animalito es tan chido que pasta en una pradera pelona, está masticando la idea de estar masticando, porque hierba, lo que se dice hierba, no hay, y los chamizos no se comen. Quizá sería justo que lo llevaran a retozar a los ranchos de Fox, las fincas de Sodi de la Tijera o los terrenitos del Niño Verde en Cancún. Sería cuestión de karma para estos políticos, pues es posible que, de existir la reencarnación, les toque en burro.

martes, 10 de mayo de 2011

Estergüei tu jeven


Dijeron que “para subir al cielo se necesita un poco de gracia”, pero nunca nos avisaron que era gracia divina. Acá, en una iglesia del DF y muy a la mexicana, se armaron su escalera pirata para llegar hasta los dioses sin tantas complicaciones, diezmos ni trámites burocráticos.
Este artefacto es a prueba de aerófobos, pues ningún alma terrenal tiene permitido llegar allá con el espíritu repleto de pecados. Es imposible treparla en estado etílico o post etílico, no hay puesto de chilaquilitos a medio camino; el ascenso se gana con la virtud y los impíos estamos condenados a vivir a ras de suelo.
Lo primero que tendría que calcular aquel que busque la salvación es si la escalerita resiste, porque si el chiste es llegar de madrazo –literal- a las inmediaciones celestiales, vaya y pase, pero ¿si el entramado se desmamona a media ascensión y el cuerpo resiste? El puritano que valiente intenta la salvación quedará en estado vegetal y no podrá entregar su alma al creador.
Los caminos de la fe son misteriosos. Unos purgan una vida tanto de abstinencia como de sacrificio, otros simplemente arman su empalizada y trepan de noche diablito de por medio. Quizá esta vía de purificación sea exclusiva de vendedores ambulantes, paracaidistas de suburbios e inmigrantes.
Dios los tenga en su Santa Gloria y no los deje caer en tentación… No los deje caer, simplemente.

martes, 3 de mayo de 2011

¿Crema depiladora? ¿Para qué?


Los vellos. Extraña fascinación para algunos, extrema incomodidad para otros.
Este ojón ejemplar de avestruz, digna representante del hembraje, presenta un atractivo pelambre alrededor de ojos, nariz, boca, cuello, esternocleidomastoideo y en el coco; efecto que parece enloquecer a los machos de la especie. Es una “hembra Alfa” que, a juzgar por su actitud, porta su pinta con soberbia. Sus ojos en el horizonte como diciendo “nadie me merece”, patas largas y bien torneadas, plumaje en gama de grises y rodillas que se doblan hacia atrás con una perfección de ingeniería que sólo la naturaleza ofrece –porque la foto no-.
¿Se han fijado que los avestruces parecen estar siempre de malas? Es parte de su seriedad coqueta; sus pestañotas engañan con un doble discurso tipo “no soy fácil, pero hazle el intento”. Paran el piquito como esperando un beso, sin embargo, la mayoría de los machos que se le apersonan se llevan una trompada y tres aleteos agresivos que los invitan amablemente a irse a la chingada.
Lo mejor de todo es que, en zoológicos como Zacango, en Toluca, estos animales se ganan el corazón de la gente porque, a diferencia de otros, salen a caminar sin tapujos. Los osos duermen todo el día, los felinos se esconden de la mirada del visitante, los chimpancés escupen y mean a discreción… pero los avestruces muestran su fealdad con orgullo. Mucho tendríamos que aprenderles.

domingo, 24 de abril de 2011

Encajuelado, pero fresco


Para echarse una jetita de mediodía, unos prefieren la hamaca, otros se inclinan por el acogedor sofá que ya está hundido en forma de berenjena gigante y algunos, sólo algunos, eligen las cajuelas.
Este indigente cabecita blanca caminaba por las calles de Coyoacán bajo un sol de 28 grados, ese que invita a la modorra y al desenfado. Sus acaloradas ropas pesaban más cada minuto, además de emanar un bouquet parecido al de la col hervida (o chís de mono, como se prefiera).
Ahí, en medio de un río de gente, apareció un VW Safari 1973 aparentemente abandonado, desvencijado y con una manta de Superama que bien lo podía proteger de los rayos ultravioleta, pésimos para su cutis. Le pareció un oasis; fuente tanto de descanso como de frescura. Limpió con atención la grasita de la batería para no mancharse –esas manchas no salen ni con Vanish-, levantó el cofre, forzó apenas el sistema de protección –cadena de acero con candado Philips- y se acurrucó con gracia.
En la imagen, el minuto 17 de su siesta. Nótese que para lograr esa posición son necesarios por lo menos tres movimientos de Tetris.
En verdad, lo que me hace reflexionar es lo mucho que necesitamos los seres convencionales para sentirnos “a gusto”, en nuestra zona de confort, mientras un vagabundo, que se ha alejado de las vanidades de la vida, hace simplemente lo que se le hincha.
De no venir con mi novia y si el cofre fuera más amplio, quizá le hubiera pedido que me hiciera un lugarcito. El calor estaba perro.

domingo, 17 de abril de 2011

"Disculpe, ¿aquí tramitan licencias?"

Éste es Galio, la mascota de un compa. En su afán por “ser alguien” en la vida, decidió que llegaría a ser el mejor perro guía de un ciego y le dijeron que necesitaría licencia, lo que no le advirtieron es que no podía tramitarla él.
Se levantó temprano, hizo fila como para la visa americana y, al llegar su turno, vino el sacón de onda: La señora enojona de todos los trámites le dijo que era indispensable la presencia de su ciego. “¿Cómo, señorita? Pero si no puede venir, no ve nada, por eso quiero la licencia”, pero la mujer tenía genio de Rottweiler, ladraba como Chihuahua y su rostro mostraba la amabilidad de un Pitbull pateado, “Pues hágale como quiera, pero necesito su firma y no sirve una huella de tres bolitas”.
Galio, que nunca ha sido dejado, pidió ver al supervisor –nunca calculó que éste era amante de los gatos- y se armó la de Dios es padre; hubo mordidas, correteos, gruñidos y fue necesario llamar a la perrera de la delegación. La imagen, que lo ubica en lugar y fecha, es parte de las indagatorias y fue captada por la cámara de seguridad de las oficinas.
A Galio le inventaron cargos, desde defecar en vía pública, hasta “portación ilícita de collar de dudosa procedencia” –dicen que incluso le querían inventar una violación a una French Poodle vecina, pero no procedió por la mala reputación de la interfecta-, y es que el abogado de la parte acusadora resultó ser un perro. A la fecha, seguimos llevándole Pedigree a su jaula, pues dice que la comida es malísima porque le dan lo mismo que a los humanos.
Galio, estamos contigo.

domingo, 3 de abril de 2011

"Las Mañanitas" con banda militar


Acá mi compadre se puso una borrachera de plomero en viernes –o de universitario a cualquier hora- y no se preocupó por dejar un letrerito de “No molestar”. Esto es un grave error si la noche de excesos sucede un viernes y el sábado hay ensayo de la banda militar de la escuela aledaña. Especialmente si uno planea dormir en la plancha del Monumento a la Revolución.
Recuerdo una de mis primeras crudas: Mi tía Chayo (nombre ficticio para proteger la identidad de mi querida tía) llegó, pasadas las nueve de la madrugada al grito de “Niiñooos, ya lleguéé…”. Sus palabras sonaron en mi cabeza como si yo estuviera debajo de la campana de la Catedral de Santa Prisca en un Domingo de Ramos, e imagino que es lo mismo que experimentó el vagabundo que aparece en la imagen. ¿La diferencia? Los polecías y militares en la foto parecen respetuosos de la resaca del indigente, mientras mi tía subió a mi cuarto con siete kilos de besos, perfume frutal y un plato de hot cakes. Esto debe ser delito punible por ley en países desarrollados.
Pero lo más sorprendente, lo digno de Most Shocking Videos, es que la única reacción del personaje citado fue tallarse la pantorrilla derecha con las garras (no uñas) del pie izquierdo, proferir un discreto gruñido y cambiar la mano derecha de posición.
Bendito Tonayita, mezcal barato de los buenos sueños y despertares… Y yo sufriendo el Efecto Murciélago de Bacardi.